martes, 11 de agosto de 2015

Dedos

–Hola, buenas tardeees. 

Nadie hace caso al hombre que grita en el metro.

–¡Yo no tengo deeedooos!

Algunos de los pasajeros del vagón lo miran y comprueban que Juancho Sánchez García, de 43 años, efectivamente no tiene dedos.

–¡Deeedooos! –continúa–. ¡Dedos para trabajaaar!

Juancho Sánchez García recorre el interior del vagón repitiendo la cantinela a cada paso. A cambio recoge monedas con los muñones que hacen de palmas. Sale del metro. 
Una niña aterrorizada sin embargo continúa el trayecto de la mano de su madre y se baja en Goya. 
Esa noche en sueños se le aparecen los dedos de Juancho Sánchez García. Son gusanos de seda gigantes y obreros que tejen. Y tejen. Y tejen. Y nunca llegarán a ser crisálidas. Porque tejen. Y tejen. Y no paran de tejer antes de que termine la noche. 
Al despertar la niña tiene un pañuelo empapado sobre la frente. 

–Sólo era una pesadilla por la fiebre –le dice la madre acariciándola.

La niña tiene un presentimiento y lo palpa. El pañuelo empapado sobre su frente es de seda. 

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