viernes, 14 de junio de 2013

Diario de un emigrante (2 de 5)

En aquel país al poco de nacer tenías que elegir hacia dónde mirar. Había quien miraba hacia abajo y sólo le preocupaba tropezarse con las piedras del camino. Luego estaba quien optaba por mirar hacia arriba y rara vez veía al de al lado. La inmensidad del cielo le hacía sentirse diminuto y solitario. Y por último también, estaban quienes habían decidido mirar al frente. A estos les costaba trabajo tener sueños o no tropezarse. Sin embargo, viendo al resto dar tumbos, se sentían dueños de la razón. Yo, que podía mirar en esas tres direcciones, supe de inmediato que todos llevaban razon. También, que vivían instalados en verdades irreconciliables. Y entonces, emigré a otro país.

Nota: Gracias a LP por ayudarme a publicar esto 

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